Mi presencia está llena de herramientas: en palabras, en silencio, en quietud, en movimiento. Estando presente detecto qué herramienta es más conveniente elegir para cada ocasión.
Con mi presencia creo espacios sagrados, seguros, cálidos, de confianza y conexión. En mi presencia tejo momentos de paz y claridad interior. Es mi propia presencia que me regala la habilidad de expresarme auténticamente con aquello que se mueve por dentro.
Cada encuentro trae su propia fuerza.
Cada interacción su propia presencia.
Cada dinámica detona su propio brillo.
Cada espacio sagrado apertura su propio camino.
Mi presencia no tiene agenda.
Es desde mi presencia que la seguridad aflora, la confianza se desborda y la valorización en cada instante se contagia con una sutil sonrisa del alma.
En la quietud encuentro la claridad externa.
En el movimiento descubro mi auténtica libertad.
En el silencio escucho mi melodía interior.
En la quietud descubro mi movimiento.
En el movimiento me dejo ser danzada por mi estructura interior.
En el silencio escucho el bienestar.
En la palabra destilo verdad.
En los estiramientos voy más allá de los bloqueos y dolores del ayer.
En la tranquilidad detecto mis ganas genuinas de caminar hacia el más allá.
Cuando estoy enraizada y presente en mi alma confío en la expresividad efectiva.
Todo pulsa, vibra y se mueve en espirales: cada emoción, cada pensamiento, cada tejido, cada espacio inervado de tanta electricidad.
Mi presencia, mi super poder.
Mi escucha, la mejor herramienta.
Mi palabra, un arma de luz que penetra las fibras del corazón dispuesto a transformarse.
Mis movimientos libres en espirales, la expresión más auténtica y colorida de mi ser.
Mi silencio, mi paz más absoluta.
Mi quietud, mi placer más cotidiano e innato.
Mis ganas de mi, el aprendizaje diario.
Mi confianza ante la vida, Ia decisión continua.
Mi seguridad plena, el antídoto ante cada pensamiento venenoso.
Valorar cada espacio de comprensión y registro de quien soy y desde donde parto, es lo que me ayuda a continuar en esta misión.
Es en la presencia donde encuentro todas mis partes y las acepto. Sobra olvido, y falta recordar que cuando me habito todo lo soy, todo lo tengo, todo lo logro.
Gracias vida por brindarme tantos espacios de silencio para encontrar mis ruidos internos.

